Ethan había enviado varios mensajes diciendo que yo estaba poniendo en peligro la boda y que todo habría sido más sencillo si hubiera aceptado cambiar de asiento.
Leí esa última frase varias veces.
Todavía pensaba que la solución había sido que yo me acomodara donde ellos decidieron.
No comprendía que el asiento solamente había dejado al descubierto algo mucho más grande.
No le contesté por mensaje.
Ya habíamos discutido demasiado a distancia.
Fui hasta la puerta principal y revisé la cerradura nueva que había mandado colocar aquella tarde. Durante años, Ethan había entrado con su llave sin avisar, incluso cuando yo no estaba en casa.
Lo había aceptado porque seguía pensando en él como en el muchacho que regresaba de la escuela.
Ahora necesitábamos aprender otra manera de relacionarnos.
Cerca de la medianoche escuché un coche detenerse frente a la casa.