Mi madrastra organizó mi boda con un supuesto indigente y, mientras mi hermana se reía, dijo: “Ahora sabrás lo que realmente vales”. Yo no discutí; guardé la carta de mi madre y seguí a mi marido hasta una casa junto al bosque. A la mañana siguiente un hombre de traje llegó con cuatro camionetas y lo llamó “señor” delante de todos… entonces mi padre palideció.

PARTE 3

Abrí la caja con las manos temblando.

Dentro había tres hojas amarillentas escritas con la letra de mi madre.

Reconocí inmediatamente aquella inclinación de las letras porque todavía conservaba algunas recetas suyas.

Doña Amalia se sentó.

—Tu mamá me entregó una copia poco antes de morir. El original quedó con su abogado. Yo debía darle esta carta a tu padre.

—¿Y por qué nunca lo hizo?

La anciana bajó los ojos.

—Fui a tu casa. Lorena me dijo que Sergio estaba en el hospital y que ella se la entregaría. Una semana después encontré las hojas devueltas en mi buzón, sin el sobre. Tuve miedo. Después vi cómo empezaban a apartarte de la fábrica y entendí que había cometido un error.

Leí.

Mi madre hablaba de su enfermedad, de la fábrica y de movimientos financieros que le preocupaban. Le pedía a mi padre que investigara empresas intermediarias vinculadas con Lorena.

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