Luego mostraron los movimientos financieros.
Cientos de miles de pesos destinados a nuestra casa.
El coche de Lorena.
Las joyas.
El terreno de descanso.
La educación de Fernanda.
Fernanda comenzó a llorar.
—¿Mi universidad fue pagada con dinero de Daniela?
Lorena se puso de pie.
—¡Era dinero de la familia!
—A mí me dijiste que mi mamá no había dejado nada —respondí.
—Tu madre siempre quiso darte todo. ¿Y mi hija qué? ¿Debía quedarse mirando?
—Entonces decidiste que para darle algo a una hija tenías derecho a robárselo a la otra.
—¡Yo mantuve esa casa cuando tu padre apenas podía levantarse después de enviudar!
Mi padre caminó hacia el escenario.
Parecía diez años mayor.
—Eso es verdad —dijo—. Pero no justifica lo demás.
Lorena lo miró con desprecio.
—Ahora vas a hacerte la víctima.
—No. Ése ha sido mi problema durante años.