Yo pedí expresamente que nadie los convirtiera en espectáculo.
Había aprendido demasiado bien lo que hacía la humillación pública.
Cuando terminaron las intervenciones, Gael anunció que mi participación y los rendimientos demostrables serían restituidos legalmente y que la fábrica pasaría temporalmente a un consejo independiente.
—Daniela podrá presidirlo si así lo decide —dijo—. Nada de esto dependerá de que siga casada conmigo.
Me entregó una carpeta.
—Aquí están sus documentos y una cuenta independiente. Si hoy quiere irse, Arturo la llevará a donde usted elija.
—¿Y si me quedo?
—Entonces aprenderé a no tomar decisiones por los dos.
Lo miré.
—Eso se demuestra, no se promete.
—Lo sé.
Durante los meses siguientes viajé diariamente a Puebla y asumí responsabilidades en la fábrica. No todos me recibieron bien. Un gerente llegó a preguntarme si había conseguido el puesto gracias a mi marido multimillonario.