Puse frente a él tres años de mis reportes.
—Estos cálculos evitaron que su área cerrara el invierno pasado. Si encuentra un error, hablamos de mi capacidad. Si no, hablamos de su plan de producción.
No encontró ninguno.
Mi padre vendió varios bienes comprados durante los años del fraude y comenzó a pagar obligaciones atrasadas. Nunca volvió a pedirme que regresara a casa. Aprendió a llamar antes de visitarme y a aceptar cuando yo decía que no.
Fernanda alquiló un departamento pequeño y consiguió trabajo como administradora. Una noche me llamó.
—Hoy tuve que calcular cuánto me queda hasta la quincena. Nunca había pensado lo que cuesta una vida normal.
—Entonces empieza a conocerla.
—¿Algún día podré visitarte?
—Algún día. Cuando dejes de preguntármelo cada semana.
Se rio y luego lloró.
Gael también tuvo que cambiar.