Gael salió al taller para atender una llamada. Yo estaba junto a una ventana abierta y escuché claramente:
—Arturo, liberen la línea bancaria solo después de que firme el administrador independiente… Sí, los tres mil millones fueron autorizados por el consejo… Mauricio Rivas todavía está en Puebla. No hagan nada. Quiero ver hasta dónde llega su mentira.
Cuando regresó, lo enfrenté.
—¿Qué administras exactamente?
Gael se sentó frente a mí.
—Fundé Grupo Horizonte Norte.
Sentí que el piso desaparecía.
Todo México empresarial conocía aquel nombre. Carreteras, centros logísticos, desarrollos industriales, terminales de carga.
—¿Gael Ortega? ¿El fundador?
—Sí.
—¿Eres multimillonario?
—El valor de una empresa no significa que tenga todo ese dinero en el bolsillo.
—No juegues conmigo.
Me levanté furiosa.
—Podías detener mi humillación con una llamada.
—Sí.
—Y no lo hiciste.
Gael bajó la mirada.
Durante meses había investigado un desvío de dinero dentro de su grupo. Las operaciones lo habían llevado hasta una empresa relacionada con Lorena y hasta Mauricio Rivas. Para descubrir quién participaba voluntariamente, Gael se había instalado en la región fingiendo ser un trabajador sin recursos.