Mi marido creyó que no podía oírlo porque tenía los audífonos puestos, así que habló desde el dormitorio sin bajar la voz: “Ya preparé el divorcio; después veremos cómo sacamos a la niña de ahí”. Me quedé inmóvil, sin interrumpirlo. Cuando terminó la llamada, tomé mi teléfono y marqué a una abogada. Él ignoraba que yo llevaba 3 años guardando pruebas.

Camila la llamó.

—Quiero pedirte perdón.

Mariana estuvo a punto de colgar.

—No necesito tu perdón.

—Lo sé. Pero necesito decirte algo. Rodrigo me hizo creer durante años que tú impedías que viera a Sofía. Ahora sé que no era cierto.

Mariana permaneció en silencio.

—Encontré mensajes viejos. Tú le preguntabas si vendría a cumpleaños, a festivales, a verla cuando estaba enferma. Él te dejaba en visto.

—¿Por qué me cuentas esto?

Camila tardó en responder.

—Porque me estoy separando de él.

Mariana abrió los ojos.

—¿Por Sofía?

—Por muchas cosas. Pero verla a ella me hizo entender algo. Si un hombre puede abandonar durante años a una hija que lo esperaba… ¿qué clase de historia me estaba contando a mí?

Después de esa conversación, Camila entregó voluntariamente mensajes que confirmaban que la idea de pedir la custodia había surgido después de recibir el diagnóstico de fertilidad.

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