Daniel no se había enamorado simplemente de mi mejor amiga.
Había construido una vida paralela.
Y quizá un negocio paralelo.
—Laura, ¿qué hacemos ahora?
—Dejamos que los investigadores trabajen.
Y tú no discutes con ellos ni firmas nada sin asesoramiento.
Miré hacia el final del pasillo.
Daniel seguía allí, observándome.
—De acuerdo.Capítulo 9. La suegra que vino a cobrar una deuda ajena
Aquella tarde regresé al apartamento que había alquilado discretamente dos semanas antes.
No había tomado esa decisión por una fotografía.
Desde hacía meses sospechaba que mi matrimonio estaba roto.
Lo que todavía no sabía era hasta qué punto.
A las cuatro recibí un mensaje de mi madre.
“Tu suegra se fue. Tu padre está bien. No
te preocupes”.
La llamé inmediatamente.
—Mamá, ¿les hicieron algo?
—No. Solo gritaron. Decían que habías avergonzado a su hijo y que tenías que devolverles todo lo que te habían dado.