maletas”.
Ese comentario me hizo reír por primera vez en días.
Pero el verdadero cambio llegó un jueves por la mañana.
Laura me llamó a las 9:15.
—Emily, el equipo forense presentó sus conclusiones preliminares.
Apreté el teléfono.
—Dime.
—Los registros muestran que la descarga sospechosa se realizó desde un equipo administrativo asignado al departamento de proyectos. La sesión utilizó permisos temporales aprobados por Daniel.
Sentí que el pecho se me aflojaba.
—¿Eso demuestra que él descargó los archivos?
—No por sí solo. Pero contradice la acusación de que
actuaste utilizando tus propios permisos. Y encontraron algo más.
Esperé.
—El informe que te incriminaba había sido modificado después de extraerse los datos originales. Las horas y los identificadores de algunas sesiones no coincidían con los registros conservados por seguridad.
Recordé la tercera página de aquella solicitud de despido.
La que había leído en mi computadora.