Mi mejor amiga me envió “por accidente” una foto abrazando a mi esposo. En lugar de reclamarles, la publiqué para felicitarlos… y a la mañana siguiente tenía 180 llamadas perdidas.

Había sido una debilidad que podía explotar.

—Tienes que irte —dije.

—Emily…

—Cualquier propuesta se la envías a mi abogada. Y no vuelvas a presentarte aquí sin avisar.

Me alejé.

Esta vez él no intentó seguirme.
Capítulo 13. Un final que no necesitaba venganza

El divorcio tardó varios meses.Hubo negociaciones, documentos, discusiones sobre bienes y cuentas compartidas.

No fue tan rápido ni tan sencillo como esas historias en las que una mujer firma un papel

y al día siguiente despierta convertida en millonaria.

Tuve días difíciles.

Días en los que me despertaba de madrugada recordando una conversación antigua y descubría una mentira que antes no había visto.

Días en los que pensaba en la muchacha de diecinueve años que conoció a Daniel en la universidad.

Aquella que se enamoró de un estudiante amable que le llevaba café durante los exámenes.

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