Todavía me quedaba una promesa por cumplir.
La
noche de la fotografía había publicado que regalaría un teléfono nuevo.
No lo había olvidado.
Así que una vez concluido el periodo anunciado para participar, revisé los comentarios que cumplían las condiciones del sorteo y realicé la selección aleatoria.
La ganadora resultó ser una mujer llamada Patricia, una madre soltera que había escrito:
“Hace cinco años me pasó algo parecido. Creí que mi vida se terminaba. Hoy puedo decirte que lo mejor que hice fue dejar de mendigar respeto”.
Le envié un mensaje privado.
Al principio pensó que se trataba
de una estafa.
Cuando recibió el teléfono, me mandó una fotografía con su hija.
Ambas sonreían.
Debajo escribió:
“Gracias por cumplir tu palabra. Y gracias por recordarnos que siempre podemos empezar otra vez”.
Miré aquella imagen durante un buen rato.