Habíamos sido una familia que se ayudaba con lo poco que tenía.
Y ahora mi hijo había utilizado mi confianza para esconderme lo que estaba haciendo.
Volví a llamarlo.
Esta vez contestó.
—Mamá, estoy ocupado. Te llamo después.
—Estoy en Newport.
Se hizo un silencio.
—¿Con Tiffany?
—Con Tiffany y con la agente inmobiliaria que tiene un documento con una firma falsa.
Escuché su respiración.
—Voy para allá.
—Trae una explicación, Peter. Y esta vez dime la verdad.
Colgué.
Mientras esperaba, la madre de Tiffany se acercó a mí.
Tenía los ojos húmedos.
—Rosalind, quiero pedirte disculpas.
Yo la miré con cautela.
—¿Por qué?
—Tiffany nos dijo que tú les habías prestado la casa y que estabas de acuerdo con todo. Nunca nos dijeron que te habían dejado afuera.
Su hija apareció en la puerta.
—Mamá, no tienes por qué meterte.