Tiffany se acercó y escuchó el final de la conversación.
—No podemos perder esta oportunidad —intervino—. Si se cancela, todo lo que planeamos se viene abajo.
Peter no dijo nada.
—¿Qué oportunidad? —pregunté—. ¿La de ganar dinero usando una casa que no les pertenece?
—Siempre haces que todo parezca una tragedia —contestó Tiffany—. Estamos hablando de ayudar a tu hijo. Tienes una casa vacía mientras nosotros tenemos problemas de verdad.
Su madre, que estaba al fondo del pasillo, bajó la mirada.
Yo me acerqué a Tiffany.
—Esta casa estuvo vacía muchas veces porque yo tenía que trabajar para pagarla. No porque hubiera dejado de importarme.
—Una madre debería estar dispuesta a sacrificarse por su familia.
Me dolió escuchar esa frase.
Durante veinte años había sacrificado descansos, vacaciones y muchas pequeñas comodidades. Nunca se lo había cobrado a Peter.
Pero una cosa era ayudarlo y otra muy distinta aceptar que me quitaran el derecho a decidir sobre mi propia vida.