Agradecí el gesto, aunque nada de eso borraba lo sucedido.
Elaine me llamó durante la tarde.
Había revisado los documentos disponibles y me explicó qué gestiones convenía iniciar para impugnar la autorización, formalizar la cancelación de cualquier operación no consentida y dejar constancia de la firma falsificada.
También me recomendó conservar las comunicaciones de Peter con la inmobiliaria y obtener una declaración de Helen sobre el cambio de cerradura.
Seguí sus indicaciones.
No quería una venganza improvisada.
Quería proteger mi casa y asegurarme de que nadie pudiera repetir aquello.
Clara confirmó por escrito que las visitas quedaban suspendidas y que la inmobiliaria iniciaría la devolución del depósito de cinco mil dólares a la familia interesada.
Sentí alivio por aquellas personas.
No tenían culpa de que les hubieran ofrecido una propiedad sin autorización válida. Seguramente también habían hecho planes, empacado cosas y confiado en las promesas que recibieron.