Pero cuando metí la llave en la cerradura, no giró.
Lo intenté dos veces.
Habían cambiado la chapa.
Entonces vi una hoja pegada por dentro de la ventana. Decía que la propiedad estaba disponible para rentarse y que las visitas debían hacerse con cita.
Antes de que pudiera reaccionar, un automóvil se detuvo detrás de mí.
Una mujer bajó con una carpeta bajo el brazo.
—Buenos días —me dijo—. ¿Usted viene a conocer la casa que está en renta?
Sentí que el suelo se me movía.
Porque la mujer abrió su carpeta y, al ver la primera página, descubrí que mi nombre estaba escrito en un documento que yo jamás había firmado.
La mujer notó que me había quedado inmóvil.
—¿Se encuentra bien, señora?
—¿Cómo dijo que se llama?
—Clara Bennett. Soy agente inmobiliaria. Tenemos programada una visita, pero puedo atenderla primero si quiere conocer la propiedad.