Unos minutos después, Clare pidió al coordinador del evento que continuara con la celebración.
La música volvió a sonar.
Los meseros retomaron el servicio.
Los invitados regresaron poco a poco a sus conversaciones, aunque las miradas seguían siendo diferentes.
Mi padre y Margaret volvieron a la mesa principal.
No se acercaron a disculparse.
Richard se sentó a cierta distancia, con su vaso entre las manos, evitando cualquier conversación sobre mi trabajo.
Yo regresé a la mesa veintidós.
Un mesero se acercó para retirar un plato.
Era el mismo que se había quedado inmóvil cuando Gerald me humilló.
—Felicidades por su reconocimiento, señora —dijo en voz baja.
Le sonreí.
—Gracias. Y gracias por atendernos esta noche.
El muchacho asintió y siguió trabajando.
Aquella pequeña conversación me dejó pensando.
Había gente que no necesitaba saber el rango de una persona para tratarla con respeto.