Mi padre nunca había entendido algo tan sencillo.
Más tarde, Clare y David tuvieron su primer baile como esposos.
Los observé desde una esquina del salón. Ella apoyaba la cabeza sobre el hombro de él y ambos parecían respirar por primera vez desde el brindis.
Cuando terminó la canción, Clare vino a buscarme.
—Ahora quiero bailar contigo.
—Vas a arruinarme el maquillaje —le advertí.
Se rio.
—El mío ya está arruinado.
Nos tomamos de las manos mientras empezaba una melodía más lenta.
Al principio ninguna sabía qué decir.
Después Clare apoyó la frente un momento contra mi hombro.
—Busqué tu nombre durante años —confesó—. Primero en internet, después en comunicados oficiales. Cuando aparecía una noticia sobre ti, la guardaba.
La miré sorprendida.
—Nunca me lo contaste.
—No quería que pensaras que me interesaba más tu carrera que tú. Pero sí estaba orgullosa.