Cuando nos quedamos solos, me entregó un audífono.
—Mientras bajabas por la escalera, Rodrigo llamó a su mamá. Una cámara de seguridad captó el audio.
Pulsó reproducir.
La voz de Rodrigo llenó mi oído.
—Mamá, Mariana se llevó al niño.
Después escuché a Beatriz.
—¡Te dije que no improvisaras! Si el niño no muere, no cobramos nada.
Sentí náuseas.
Rodrigo respondió:
—¿Y qué quieres que haga? Debo más de veinte millones. Esos tipos me dieron hasta mañana.
—La póliza nos solucionaba todo —dijo Beatriz—. Pagabas las deudas, salvabas la empresa y después culpábamos a Mariana por negligencia.
Me quité el audífono.
No podía respirar.
Mi padre continuó:
—La unidad financiera ya empezó a revisar a Rodrigo. Su empresa lleva meses prácticamente insolvente. Hay préstamos, apuestas en plataformas extranjeras y dinero movido a cuentas de terceros.