Rodrigo tardó varios segundos en responder.
—Está bien. Avísame cualquier cosa.
Colgué.
Cinco minutos después entrábamos a urgencias de un hospital en la zona de Observatorio.
Volví a ser enfermera antes que madre.
—Niño de un año, dificultad respiratoria, bradicardia severa, posible exposición a una sustancia desconocida y marca reciente de punción en cuello.
El equipo médico se llevó a Emiliano.
Yo me quedé frente a las puertas cerradas de terapia intensiva sintiendo que me habían arrancado una parte del cuerpo.
Casi una hora después salió el pediatra.
—Está estable.
Las piernas me fallaron.
—Llegaron a tiempo. Encontramos indicios de una sustancia que deprimió su respiración y su ritmo cardiaco. Tendremos que mantenerlo vigilado.
—¿Pudo ser accidental?
El médico negó lentamente.
—Por la forma en que entró al organismo, tendremos que informar a las autoridades.
Mi padre apretó la mandíbula.