“Ni muerta deja de dar problemas”, murmuró mi marido mientras escondía mi celular en el ataúd y su amante sonreía a pocos pasos.

—Quiero que él sepa que sigo viva antes de que lo arresten.

—Eso puede complicarlo.

—No quiero tocarlo. No quiero amenazarlo. Solo quiero mirarlo a los ojos cuando entienda que me enterró viva y fracasó.

Tomás, que permanecía junto a la puerta, habló por primera vez.

—Y yo quiero estar ahí.

Aquella noche, Adriana envió desde su propio número el video que mostraba a Lorena abrazando a Javier en la sala de la casa.

Añadió una frase:

“Mientras tú celebrabas mi muerte, ella ya buscaba al siguiente dueño de mis hoteles.”

Héctor recibió el mensaje cerca de las once.

Cinco minutos después llamó a Lorena.

Ella no contestó.

Entonces fue a la casa.

Lorena estaba ahí recogiendo ropa y documentos.

—¿Desde cuándo estás con Salinas? —preguntó Héctor.

Ella se quedó inmóvil.

—No sé de qué hablas.

Héctor le mostró el video.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *