No le dije a mi mejor amigo que me iba cinco años porque me a-cu-só de pla-gio para proteger a otra mujer

Camila mostró versiones guardadas en su ordenador.

Mis versiones.

Robadas.

Él reconoció parte de la estructura.

La había visto en mis apuntes.

En lugar de pensar que Camila había copiado mis notas…

decidió que yo había copiado las suyas.

¿Por qué?

La declaración no lo decía.

Pero yo conocía la respuesta.

Porque Camila era vulnerable.

Y yo no.

Yo tenía una buena familia.

Buenas notas.

Reconocimiento académico.

Seguridad.

Camila lloraba.

Yo no.

Por eso necesitaba protección ella.

Yo podía soportar el golpe.

Cerré el archivo.

Estuve varios minutos mirando la pared.

Después lo guardé en una carpeta.

«Documentación».

No en una carpeta llamada «Adrián».

No existía ninguna.

Ese mismo día llegó un correo suyo.

No sabía cómo había conseguido mi dirección universitaria nueva.

«Elena:

No espero que respondas.

El comité me pidió una declaración y conté la verdad.

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