No imaginaba cuánto se equivocaba.
El primer minuto.
Lorena, la administradora del salón, levantó la mirada cuando llegué a su mostrador.
Era una mujer de unos cincuenta años, de cabello oscuro recogido y expresión profesional.
—Señora Elena, ¿necesita algo?
—Sí. Quiero cancelar la segunda parte del servicio y dar por terminado el banquete conforme al contrato.
Lorena permaneció callada un instante.
—¿Está completamente segura? El anticipo ya utilizado no es reembolsable, y una vez que suspendamos la cocina no podremos garantizar que la cena se sirva después.
—Estoy segura.
—Entendido.
—Y, por favor, no retiren los platos que los invitados ya están comiendo. Solamente suspendan los platillos pendientes y retiren las fuentes compartidas cuando corresponda. Si hay comida pagada que todavía permanece en cocina y puede empacarse de manera segura, entréguenla a los invitados.
Lorena asintió.
Miró su reloj y habló por el radio.