Busqué el nombre.
Era abogado especializado en conflictos de propiedad, posesión y vivienda.
Sentí frío en el estómago. ¿Por qué mi suegra pagaba a escondidas a un abogado inmobiliario con nuestro dinero?
Pedí una cita con otro abogado, Héctor Salgado, y llevé las escrituras, estados de cuenta y comprobantes.
Después de revisar todo, preguntó:
—¿Su suegra tiene parte de la propiedad o pagó remodelaciones importantes con dinero propio?
—No.
Héctor señaló las transferencias.
—Entonces esto parece una preparación. Alguien le ha estado aconsejando reunir comprobantes de domicilio, testigos de residencia prolongada y supuestas aportaciones para después intentar reclamar compensaciones o negociar el derecho de permanecer en la vivienda. Legalmente su posición no parece fuerte, pero puede convertirlo en un pleito largo y caro.
Sentí rabia.
Mientras yo pagaba la comida, la luz y el techo donde vivía, Teresa usaba nuestro dinero para preparar una batalla contra mí.