El sábado reuní a Daniel, Teresa, Sergio y Héctor en la cocina.
Extendí sobre la mesa los estados de cuenta.
—Quiero que me expliquen esto.
Daniel tomó una hoja.
—Mamá… ¿qué es?
Teresa palideció.
—Solo pedí asesoría. Una persona mayor tiene derecho a protegerse.
En ese instante su teléfono, olvidado junto al frutero, comenzó a sonar.
En la pantalla apareció:
Óscar Medina, abogado.
Daniel contestó y activó sin querer el altavoz.
La voz de un hombre llenó la cocina:
—Señora Teresa, ya terminé el escrito para acreditar su residencia y solicitar la compensación por las mejoras de la casa. Si me confirma hoy la fecha exacta en que llegó a vivir ahí, el lunes podemos iniciar.
Daniel levantó lentamente los ojos hacia su madre.
Y Teresa comprendió que ya no había ninguna mentira capaz de salvarla.
PARTE 3
Nadie habló durante varios segundos.
El abogado del teléfono preguntó dos veces: