PARTE 2: A los 58 años descubrí que todavía estaba a tiempo de empezar de nuevo

Manolo bajó la mirada y dijo:

—Nunca pensé que te sintieras tan sola estando conmigo.

Le respondí:

—No estaba sola porque tú no estuvieras. Estaba sola porque me había olvidado de mí.

Hoy sigo viviendo en el mismo piso del Zaidín. Sigo preparando comidas familiares y disfrutando de mi nieta. Pero ahora tengo algo diferente: un pequeño cuaderno donde apunto todos los lugares que quiero conocer.

Mi próximo destino será Roma.

Y esta vez, cuando alguien me pregunte con quién voy, responderé lo mismo:

—Voy conmigo.

Porque he tardado cincuenta y ocho años en entender que ser esposa, madre y abuela es maravilloso, pero ninguna de esas cosas debería obligarme a dejar de ser mujer, persona y dueña de mi propia vida.

Nunca es tarde para empezar a pertenecerte a ti misma.

Y si alguien piensa que estás pasando por una crisis porque has decidido ser feliz, quizá lo que necesita cambiar no eres tú, sino la forma en que siempre te han visto.

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