La misma mujer que había preguntado si yo estaba muerta ahora fingía llorar frente a mi fotografía.
Daniel consiguió las imágenes de seguridad.
Las vi desde una habitación protegida.
Brandon se acercó al ataúd vacío.
Apoyó una mano sobre la tapa.
Luego bajó la cabeza.
Para cualquiera que lo observara, parecía un esposo devastado.
Pero yo conocía aquella postura.
Era la misma que usaba cuando negociaba.
La misma expresión tranquila.
La misma calma calculada.
Entonces ocurrió algo que no esperaba.
Mi padre se acercó a él.
—Brandon.
Mi marido levantó la cabeza.
—Lo siento mucho, señor.
Mi padre lo miró fijamente.
—Ella confiaba en ti.
Brandon tragó saliva.
—Yo también la amaba.
Tuve que contener una risa amarga.
Amarme.
El hombre que había intentado matarme estaba pronunciando esa palabra frente a mi familia.
Entonces mi padre hizo una pregunta.