Lo miré.
—¿La viste?
Él negó.—La vi en la grabación.
Guardó silencio.
Luego dijo algo que nunca había esperado escuchar:
—Sophia, perdóname.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Por qué?
Bajó la mirada.
—Porque pensé que podía protegerte manteniéndote lejos de los problemas de mi familia.
—Pensé que si ignoraba lo que mi madre hacía, algún día se cansaría.
Respiró profundamente.
—Me equivoqué.
Tres días después, Genevieve llegó a la mansión.
Pero esta vez no entró como dueña.
Entró acompañada por abogados.
Porque Julian había iniciado una investigación completa.
Fraude financiero.
Manipulación de documentos.
Intento de encubrimiento.
Y agresión contra Sophia.
Cuando vio los papeles sobre la mesa, comprendió finalmente algo.
Ella no había destruido a Sophia.
Había destruido la única razón por la que Julian todavía intentaba protegerla.