PARTE 2 / El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada… pero al abrirse la puerta encontró a una niña de siete años cosiendo hasta lastimarse las manos, y lo que había debajo del colchón cambió por completo el motivo de su visita…

Aquella frase le dolió.

Alejandro volvió a mirar el departamento.

El refrigerador viejo.

La máquina de coser.

La cama improvisada.

Y comprendió algo todavía peor.

Había llegado a cobrar dinero que quizá Mariana ya había pagado.

—¿Y por qué dejó de pagar después?

Mariana guardó silencio.

Lucía miró a su madre.

—Puedes decirle.

—Lucía…

—Él ya vio el papel.

Alejandro esperó.

Finalmente Mariana se sentó.

—Porque me enfermé.

No dio detalles innecesarios.

Solo explicó que llevaba meses siguiendo un tratamiento y que algunos días no podía trabajar en el pequeño taller donde hacía arreglos de ropa.

Los gastos comenzaron a acumularse.

Medicamentos.

Consultas.

Comida.

Transporte.

Entonces recibió una segunda notificación.

Esta vez, ya no le pedían ponerse al corriente.

Le ofrecían dinero para abandonar el departamento.

—¿Cuánto?

—$25,000 pesos.

Alejandro frunció el ceño.

Era una cantidad demasiado pequeña para compensar una salida apresurada, pero suficiente para tentar a alguien desesperado.

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