—Yo jamás ordené que las desalojaran —dijo Alejandro.
Mariana soltó una risa breve, sin humor.
—Pues alguien lo hizo usando su nombre.
Sacó la hoja otra vez y la extendió sobre la mesa.
Alejandro leyó.
“Notificación de terminación anticipada.”
Más abajo aparecía el nombre de su empresa: Grupo Cárdenas Patrimonial.
Y al final, una firma.
Roberto Salgado.
Alejandro sintió que algo le apretaba el pecho.
Roberto no era cualquier empleado.
Era su director de operaciones.
Su amigo desde hacía casi quince años.
El hombre que supervisaba personalmente aquel edificio.
—¿Cuándo recibió esto?
—Hace dos meses.
—¿Por qué no llamó a la oficina?
Mariana lo miró fijamente.
—Llamé.
Esa respuesta lo desconcertó.
—¿Con quién habló?
—Con varias personas. Después me comunicaron con el señor Salgado.
Alejandro levantó lentamente la vista.
—¿Y qué le dijo?
—Que usted había decidido remodelar todo el edificio. Que los departamentos con rentas antiguas ya no eran rentables y que tarde o temprano todos tendríamos que salir.