PARTE 2: EL MULTIMILLONARIO QUE PIDIÓ EL DIVORCIO DESCUBRIÓ EL SACRIFICIO QUE SU ESPOSA HABÍA OCULTADO DURANTE TRES AÑOS

Y entonces comprendí que el divorcio nunca había sido el verdadero objetivo.

Alguien había intentado apartarme de mi esposa justo cuando ella más necesitaba protección.

Lee la PARTE 3 completa a continuación.

PARTE 3: El secreto de Lorenzo y la verdad que podía destruir a los Moretti

La última frase del doctor Bennett se quedó suspendida en el aire.

Lorenzo.

Mi hermano.

El hombre con quien había compartido mi infancia, mis secretos y los primeros sueños de construir Moretti Global Holdings. El hombre al que había confiado las llaves de mi casa, el acceso a mis cuentas y, sobre todo, mi confianza.

Miré a Alina. Estaba pálida, con los labios temblorosos y los dedos aferrados a la sábana.

—Dime que no es verdad —susurré—. Dime que te has equivocado de persona.

Ella cerró los ojos.

—Ojalá pudiera, Dante.

Sentí que algo se rompía dentro de mí.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde hace casi cuatro meses.

—¿Cuatro meses? —repetí, incapaz de comprenderlo—. ¿Y me dejaste vivir a tu lado sin decirme nada?

Alina abrió los ojos. Las lágrimas le corrían por las mejillas.

—Cada vez que intentaba hablar contigo, Lorenzo encontraba la manera de recordarme lo que podía perder. Tu empresa, tus empleados, tu reputación… y tu vida.

El doctor Bennett se acercó a la puerta y pidió a una enfermera que nos dejara unos minutos a solas. Antes de salir, me entregó una copia de los resultados preliminares.

—Todavía no podemos afirmar que haya existido envenenamiento —aclaró—. Los análisis deben repetirse y los especialistas tienen que determinar qué ha provocado el daño cardíaco. Pero las irregularidades son suficientemente graves para justificar una investigación.

Asentí sin apartar los ojos de Alina.

—¿Qué hizo mi hermano?

Ella respiró profundamente.

—Hace tres años, cuando tu empresa estaba a punto de perder aquella línea de crédito, Lorenzo descubrió que yo tenía unas acciones heredadas de mi abuela. Sabía que podía utilizarlas para conseguir las garantías que necesitabas.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

—Porque él me convenció de que, si yo intervenía, tú pensarías que quería comprar un lugar en tu vida.

Me quedé inmóvil.

—Eso jamás habría ocurrido.

—Ahora lo sé. Entonces tenía miedo. Lorenzo me dijo que tú detestarías descubrir que una mujer podía salvar tu empresa cuando tú no habías encontrado una solución.

Bajó la mirada.

—Aun así, utilicé mis acciones. No podía soportar la idea de que miles de familias perdieran su trabajo por una crisis que quizá podíamos evitar.

¿Y él te obligó a guardar silencio?

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