Cuando yo era niño, no entendía muchas de las cosas que hacía.
Pensaba que la comida aparecía en la mesa.
Que la ropa limpia simplemente estaba allí.
Que alguien recordaría mis citas, mis preocupaciones y las pequeñas cosas que yo olvidaba.
No entendía quién estaba detrás de todo aquello.
Mi madre.
Ella era la persona que se levantaba un poco antes que los demás.
La que preguntaba si habíamos comido.
La que guardaba una parte de la comida por si alguien llegaba tarde.
La que sabía cuándo algo no estaba bien aunque dijéramos:
—Estoy perfectamente.
Y cuando la vida se complicaba, nunca necesitaba grandes discursos.
A veces solo ponía una mano sobre mi hombro.
Y decía:
—Ya pasará.
De niño pensaba que aquello era una frase cualquiera.
Ahora, a los 90 años de mi madre, entiendo que detrás de esas dos palabras había una vida entera.