PARTE 2 — LA DUEÑA DEL IMPERIO

Mientras tanto, yo estaba frente al espejo de mi despacho privado.

Me había puesto un vestido negro de seda, unos pendientes de diamantes que pertenecieron a mi abuela y el anillo de sello de la familia Sterling.

Durante ocho años, Julián había creído que aquel anillo era una imitación.

Nunca preguntó de dónde venía.

Tampoco le interesó saber por qué mi padre, a quien despreciaba por haber trabajado en una imprenta, recibía llamadas de algunos de los financieros más importantes del país.

Mi padre había sido propietario de aquella pequeña imprenta.

También había sido uno de los fundadores de Sterling Investment Group.

Cuando murió, heredé sus participaciones y, con los años, consolidé el control de la compañía.Oculté mi identidad pública por razones de privacidad.

Pero jamás imaginé que el hombre con quien compartía mi cama utilizaría mi discreción para humillarme.

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