Paisley Daley caminaba a su lado con una sonrisa triunfal.
—¿Has visto cómo nos miran? —le susurró.
Spencer sonrió.
—Así es como debe ser.
Aquella noche no era solamente una gala benéfica. También era la oportunidad de anunciar una nueva alianza empresarial que, según Spencer, convertiría a Conway Holdings en una de las compañías más influyentes de la región.
El acuerdo prometía millones.
Y Spencer estaba convencido de que, una vez firmado, nadie podría cuestionar sus decisiones.
Ni siquiera su esposa.
Paisley le acomodó la solapa.
—¿Cuándo vas a presentar los papeles del divorcio?
—Pronto.
—Llevas meses diciendo lo mismo.
Spencer endureció la mirada.
—Phoebe no tiene adónde ir. No tiene ingresos propios importantes ni una familia dispuesta a intervenir. Cuando vuelva a casa, firmará.
Paisley sonrió.
—¿Y si no firma?
—Firmará.
Lo dijo con tanta seguridad que ella dejó de hacer preguntas.