En ese momento, el presentador anunció el siguiente discurso.
—Señoras y señores, tenemos el honor de recibir a nuestro patrocinador principal de esta noche. Demos la bienvenida al señor Raymond Harrell.
El salón estalló en aplausos.
Spencer se enderezó inmediatamente.
Conocía perfectamente aquel nombre.
Raymond Harrell era uno de los empresarios a los que llevaba meses intentando convencer para que invirtiera en su compañía.
Spencer había enviado propuestas, solicitado reuniones y utilizado todos sus contactos para conseguir unos minutos con él.
Hasta entonces, no lo había logrado.
—¿Ese es el hombre del que me hablaste? —preguntó Paisley.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué no vas a saludarlo?
—Voy a hacerlo.
Spencer tomó una copa de champán y se dirigió hacia el escenario.
No sabía que, a varios kilómetros de allí, una mujer a la que consideraba insignificante acababa de cambiar el rumbo de su vida.