PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

La persiana de la cocina estaba medio subida.

Entraba una luz fría de Valladolid, de esas mañanas de invierno que parecen limpias y tristes al mismo tiempo.

Mi madre ya estaba despierta.

La oí moverse despacio en la cocina.

El ruido de una cuchara contra una taza.

El agua calentándose.

Sus zapatillas arrastrándose suavemente por el suelo.

Durante años, ese sonido había formado parte de mi vida.

Y yo lo había olvidado.

Me incorporé con la manta sobre los hombros.

Tenía la espalda molida.

El cuello torcido.

El traje del día anterior arrugado.

Pero sentía una calma rara.

Como si, por primera vez en mucho tiempo, no tuviera que salir corriendo.

“Mamá.”

Ella apareció en la puerta de la cocina con dos tazas.

“Buenos días, hijo. No quería despertarte.”

“Tenías que haberlo hecho.”

“No. Dormías como cuando eras pequeño.”

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