PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

Sonrió.

Y esa sonrisa me rompió un poco más.

Me senté a la mesa.

Había tostadas.

Aceite.

Tomate rallado.

Un plato pequeño con galletas.

Y dos servilletas dobladas con cuidado.

Como si aquello fuera una visita importante.

Como si yo fuera alguien que venía de lejos.

Y quizá lo era.

“Has escrito algo nuevo”, dije, señalando el cuaderno.

Mi madre bajó la mirada.

“Se me ocurrió antes de que te despertaras.”

“Pues empezamos por eso.”

Ella se quedó quieta.

“¿Por desayunar?”

“Por desayunar.”

Cogí una tostada.

Le eché demasiado aceite.

Ella se rio bajito.

“No tienes arreglo.”

“No. Pero puedo aprender.”

Desayunamos despacio.

Sin televisión.

Sin móvil.

Sin mirar el reloj.

Al principio hablamos de cosas pequeñas.

Del frío.

De la panadería.

De una vecina que había cambiado las cortinas.

Del ascensor que nunca llegó a ponerse en aquel edificio.

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