PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

Luego el silencio se sentó con nosotros.

Pero no era incómodo.

Era un silencio lleno.

De esos que no piden nada.

Después de recoger, me acerqué al fregadero.

“Déjame fregar.”

Mi madre me miró como si hubiera dicho una locura.

“¿Tú?”

“Yo.”

“Vas a dejar todo lleno de agua.”

“Seguramente.”

“Y los vasos con marcas.”

“También.”

Me quitó el estropajo de la mano.

Luego se detuvo.

Me lo devolvió.

“Vale. Pero no me rompas la taza verde.”

Era la taza de mi padre.

La de siempre.

La que nadie usaba.

La que seguía en el armario como si él pudiera entrar cualquier tarde y pedir café.

La lavé con más cuidado que muchas cosas importantes de mi vida.

Mientras fregaba, mi móvil vibró otra vez.

Una llamada.

Luego otra.

Luego mensajes.

Miré la pantalla.

Trabajo.

Asuntos pendientes.

Reuniones.

Una vida entera reclamándome desde Madrid.

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