PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

Pero a veces mudarse es despedirse de una versión de uno mismo.

“Podemos llevarnos lo importante”, dije.

Ella sonrió con tristeza.

“No todo cabe en cajas, Daniel.”

Aquella tarde fuimos al piso nuevo.

Estaba en una calle tranquila, no muy lejos del centro.

Una planta baja sencilla.

Ventanas a una pequeña plaza.

Paredes blancas.

Suelo frío.

Olor a pintura reciente.

A mi madre le pareció demasiado vacío.

Caminó por el pasillo con las manos juntas.

Como si estuviera visitando la casa de otra persona.

“Es bonito”, dije.

“Sí.”

Pero su voz no sonaba convencida.

Abrí la ventana de la cocina.

Entró aire frío.

Abajo, en la plaza, un hombre paseaba un perro pequeño.

Una señora llevaba una bolsa de pan.

Dos niños salían del colegio con mochilas más grandes que ellos.

“Desde aquí se ve vida”, dije.

Mi madre se acercó.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *