PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

De vuelta en casa, ella cortó el pan.

Yo pelé los ajos torpemente.

Se rio.

“Siempre has sido igual de bruto en la cocina.”

La sopa empezó a hervir despacio.

La casa se llenó de un olor sencillo, caliente, nuestro.

Nos sentamos.

Y hablamos.

De verdad.

Me contó las noches en que echaba de menos a mi padre y encendía la radio solo para no escuchar el silencio.

Me dijo que a veces marcaba mi número y luego borraba la llamada.

“No quería molestarte.”

Bajé la cabeza.

Después pregunté:

“Del cuaderno… ¿qué es lo que más quieres?”

Dejó la cuchara en el plato.

Se quedó callada.

Luego dijo:

“Que me abraces sin tener prisa.”

Me levanté.

Ella también.

Al principio fue raro.

Ya no estábamos acostumbrados.

Luego apoyó la frente en mi pecho.

Y yo la abracé.

Fuerte.

No tres segundos.

No como cuando uno se despide en la puerta.

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