Parte 2: La verdad que mi padre se llevó a la tumba

No teníamos pruebas para concluir que Ricardo hubiera causado la muerte de mi padre. Tampoco sabíamos si Valeria estaba diciendo toda la verdad.

Pero ya no iba a permitir que el miedo decidiera por mí.

A mediodía, recibí un correo desde una dirección desconocida.

No contenía texto.

Solo un archivo de audio y una fotografía.

La fotografía mostraba la carpeta negra abierta sobre una mesa de madera.

A su lado había un reloj que yo conocía perfectamente.

Era el reloj de mi padre.

El mismo que había desaparecido de su habitación el día de su funeral.

Abrí el archivo de audio.

Primero escuché interferencias.

Después, la voz de mi padre.

—Si algo me sucede, la persona que debe recibir estos documentos es Mariana. No Ricardo. Nunca Ricardo.

Hubo una pausa.

Una segunda voz habló.

La reconocí inmediatamente.

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