—Elena…
La miré.
—¿Qué?
Su rostro estaba completamente blanco.
—Hay algo en el contrato de tu padre.
Dante se quedó inmóvil.
Mia señaló una cláusula escrita en letra diminuta.
—Aquí dice que el matrimonio entre Dante y Victoria debía celebrarse antes de que naciera cualquier descendiente de Elena Carter.
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿Por qué?
Dante cerró los ojos.
—Elena…
—¡Dime la verdad!
Su voz salió rota.
—Porque tu padre dejó una herencia secreta.
Lo miré sin comprender.
—¿Qué herencia?
Dante tragó saliva.
—Un fideicomiso de doscientos millones de dólares.
El silencio llenó la