PARTE”2

—Padre, espero que no hayas cometido el error de casarte con una mujer tan joven esperando tener otro heredero.

Khalid dejó los cubiertos.

—¿Qué quieres decir?

Omar sonrió.

—Todo el mundo sabe lo que dijeron los médicos hace veinte años. No puedes tener más hijos.

Samira soltó una pequeña carcajada.

—Además, ¿para qué querríamos otro niño? Ya tenemos suficientes herederos.

Fátima me miró.

—Y tú, Amina, deberías estar agradecida. No has venido aquí para cambiar nuestra familia.

Me levanté de la mesa y subí a mi habitación.

Lloré durante horas.

Pero aquella noche tomé una decisión: algún día dejaría de permitir que me trataran como si no tuviera valor.

  1. El secreto de mi embarazo

Pasaron cinco meses.

Durante ese tiempo, mi relación con Khalid apenas cambió.

Sin embargo, había algo que nadie de aquella familia sabía.

Antes de la boda, yo había conocido a una mujer llamada Nadia, una enfermera que trabajaba en una clínica privada.

Se había convertido en mi única amiga.

Una tarde, después de sufrir un fuerte mareo, acudí a la clínica.

Nadia me recibió con preocupación.

—Amina, estás muy pálida. ¿Has estado comiendo bien?

—No mucho. Últimamente tengo náuseas todas las mañanas.

Me hizo algunas preguntas y me recomendó una prueba de embarazo.

Nunca había pensado que pudiera estar embarazada.

Por eso, cuando regresó con los resultados, me quedé completamente inmóvil.

—Amina… estás embarazada.

La miré sin comprender.

—¿Qué?

—La prueba es positiva. Según la fecha de tu última menstruación, podrías estar de unas nueve semanas.

Me senté lentamente.

Mi primera reacción no fue alegría.
Fue miedo.

Porque recordaba perfectamente las pocas ocasiones en que Khalid y yo habíamos mantenido relaciones íntimas.

Habían sido momentos aislados, después de los cuales él había regresado a su habitación.

Nunca imaginé que uno de ellos terminaría cambiando nuestras vidas.

—¿Es posible? —pregunté.

Nadia asintió.

—Por supuesto. Que un hombre tenga problemas de fertilidad no significa necesariamente que sea completamente estéril.

Me explicó que los antiguos informes médicos de Khalid podían referirse a una fertilidad reducida, no a una imposibilidad absoluta de tener hijos.

Le pedí que mantuviera la noticia en secreto.

Necesitaba tiempo.

Pero había otra razón.

Antes de la boda, mi padre me había contado algo extraño: Khalid había tenido un problema de salud muchos años atrás y, según él, los médicos le habían dicho que probablemente nunca volvería a ser padre.

Yo no sabía si aquella información era verdadera.

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