Sentí que algo me apretaba la garganta.
—Está precioso.
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Lucy recogió sus colores y caminó hacia la sala.
Cuando desapareció, cerré la puerta de la cocina.
Mara se sentó frente a mí.
—Jack quería protegerlas.
—Eso ya lo dijiste.
—No sabía cómo hacerlo sin asustarte.
Solté una risa amarga.
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—Murió pensando que ocultarme todo esto era menos aterrador.
Mara bajó la mirada.
—No voy a defender esa decisión.
Eso me sorprendió.
Desde que Jack murió, demasiada gente había intentado decirme qué habría querido él.
Qué debía sentir.
Qué debía perdonar.
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Mara fue la primera persona que no intentó convertirlo en un santo sólo porque estaba muerto.
—Entonces dime qué encontraste.
Abrió la carpeta.
La primera sección contenía copias de documentos antiguos.
Había nombres que no reconocía.
Fechas de hacía décadas.
Direcciones.
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