Firmas.
Y, repetido varias veces, el apellido Bennett.
El de Jack.
—Su madre se llamaba Evelyn Bennett —dijo Mara—. Eso sí lo sabías.
Asentí.
Jack casi nunca hablaba de ella.
Según lo que le habían contado de niño, Evelyn había muerto cuando él era pequeño.
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Después pasó de un familiar lejano a otro hasta terminar prácticamente sin vínculos con nadie.
Había construido su vida desde cero.
Eso era parte de lo que yo más admiraba de él.
O eso creía.
—Jack pensaba que su madre no había dejado nada —continuó Mara—. Ni dinero, ni propiedad, ni documentos importantes.
—Eso fue lo que siempre me dijo.
—Porque eso fue lo que le dijeron a él.
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Mara sacó una copia de una escritura antigua.
Señaló un nombre.
Evelyn Bennett.
Luego otro.
Un apellido distinto.
El mismo apellido que aparecía en los papeles de mi prestamista.