Miró a su hijo dormido.
—Pero todavía nos quedan muchos por vivir. Y esos no pienso perdérmelos.
Porque algunas mentiras pueden destruir una familia durante años, pero cuando la verdad finalmente aparece, el tiempo perdido deja una lección imposible de olvidar: amar a alguien no basta. Hay que defenderlo, escucharlo y estar presente incluso cuando el orgullo nos diga que demos media vuelta.
A veces la segunda oportunidad no llega para devolvernos el pasado.
Llega para preguntarnos qué vamos a hacer con todo el futuro que todavía queda.