—Salió de tu número.
—Mi teléfono se quedó dentro de tu departamento.
El silencio se volvió insoportable.
Alejandro miró al niño dormido.
Luego volvió a mirar a Mariana.
—¿Mateo es…?
Ella no respondió.
No hizo falta.
Alejandro entendió.
Ocho años de enojo, resentimiento y orgullo acababan de tambalearse por una sola posibilidad.
Y Mariana todavía no podía creer lo que Alejandro estaba a punto de descubrir sobre su propia madre…
PARTE 2
Alejandro dejó a Mateo en casa y permaneció casi veinte minutos dentro de su camioneta sin encender el motor.
Después condujo directamente a la residencia de Teresa en Puerta de Hierro.
Su madre seguía viviendo en la enorme casa que había pertenecido a su padre, fundador de la constructora familiar. Teresa conservaba un puesto en el consejo administrativo y, aunque Alejandro dirigía la empresa desde hacía años, ella continuaba comportándose como si tuviera derecho a decidir también sobre su vida.