—¿Más?
Ella asintió.
—No solo pagué el terreno. También aparté material. Cemento, varilla, block. Don Ernesto tiene un primo albañil. Nos va a ayudar a levantar primero 2 cuartos y el baño. No va a quedar bonita al principio. Quizá ni tenga piso. Pero va a ser nuestra.
Martín empezó a llorar en silencio.
No como en las películas.
No con dignidad.
Lloró con la cara torcida, los hombros vencidos y la vergüenza atravesándole el pecho.
Maribel se acercó despacio.
—Yo también quería tacos, Martín. También quería salir. También quería comprarme zapatos nuevos y no remendar los mismos. También quería que no me miraras como si fuera tu enemiga.
Él soltó un sollozo.
—Perdóname.
—Pero cada vez que decía “no”, no era porque no te amara. Era porque estaba guardando un pedacito de pared, una ventana, una puerta.