—¿Otra vez sin lana, compa?
—Tu vieja sí te trae bien cortito.
—Ni mi mamá me controlaba así.
Él se reía por no verse ardido, pero por dentro se le iba juntando una rabia fea.
Maribel nunca compraba nada para ella.
No iba al salón.
No estrenaba ropa.
No pedía comida.
Si Martín quería tacos, ella hacía frijoles con huevo.
Si él quería ir al cine, ella decía que mejor veían una película en la tele.
Si pedía dinero para una carne asada, ella contestaba:
—Eso paga medio recibo del gas.
Con el tiempo, Martín empezó a sospechar.
Pensaba que Maribel mandaba dinero escondido a su familia en Puebla. O peor, que tenía ahorros secretos para dejarlo algún día.
La gota que derramó el vaso llegó en su aniversario de bodas.