Regresamos a mi prado a toda velocidad. Llevé a Canelo hasta la enorme Roca Gris.
—Busca, mi niño, busca. Te daré toda la barbacoa que quieras por el resto de tu vida —le rogué.
Canelo, cojeando de su pata delantera, empezó a rascar desesperadamente bajo la base de la roca. A los pocos minutos, la Inspectora Rojas sacó un frasco de vidrio envuelto en plástico. Adentro había una memoria USB, una muestra de la arena blanca y el contrato preliminar. La USB contenía los audios y documentos que incriminaban directamente a Vicente y a los directivos de la vidriera por lavado de dinero y fraude millonario.
Esa noche, montamos una trampa. Mauricio, bajo las órdenes de la policía, llamó a Vicente. Le dijo que yo había encontrado un frasco y que iría a la fiscalía a primera hora. Vicente, arrogante y confiado, mordió el anzuelo.