—Tú decides tratar como sirvienta a la mujer que levantó esta empresa conmigo.
—Ella te llenó la cabeza.
-No. Me la vaciaste tú durante años.
Mi madre quiso arrebatarme el teléfono. Retrocedí y reproduje el video donde se le veía vaciando agua sobre Mariana. Después mostré la grabación del despacho.
Al escuchar su propia voz hablando del notario, dejó de negar.
—Lo hice por ti —respondió—. Esa mujer controla tu dinero. Desde que nació la niña, tú ya no piensas en tu sangre.
—Mariana es mi familia. Valentina es mi sangre. Y tú acabas de intentar destruir a las dos.
La ambulancia llegó antes que el taxi. Los paramédicos encontraron a Mariana con hipotermia leve, fiebre y señales de infección en la herida de la cesárea. Cuando la subieron a la camilla, ella me sujetó la muñeca.